Eva imaginada por Dios durante el tercer día de la Creación
Versión femenina de Gulliver
en el país de los liliputienses
o tal vez
otra versión similar
de Robinson Crusoe
o del Naúfrago del Liguria,
pero con ojos ávidos
de anhelos insatisfechos
sobre esa playa desierta
en la que sabes
que nunca encontrarás lo que buscas.
Tú
ajena al paisaje
y a esa naturaleza de fondo monocromo,
como un retrato en sepia,
en el que la vida
sólo se concentra en tu rostro
y en tu cuerpo,
señal inequívoca de que en la Creación
fuiste tú la primera
y después de ti
brotó todo lo demás,
porque te imaginaron para amar
y ser amada.
Tú
que no fuiste creada con arcilla,
sino con arena fina como la porcelana,
a la que se agregaron caracoles, rocas y agua
además del aliento vital
que brotó de las profundidades de una tormenta
al maravillarse Dios
de su propia obra
y a duras penas
poder contenerse ante tu belleza
y su realización final.
Tú
imaginada el tercer día de la Creación,
esperando otros colores
y una compañía
que recorra contigo
la playa
y los amaneceres,
apoyada en las palmas de tus manos
pidiendo con la mirada que te ayuden
a levantarte de la arena
o tal vez
que te tiendan sobre ella
para quedar convertida
nuevamente en polvo,
después de recobrar tu propia esencia.
Tú
reina absoluta de los mares,
de los sueños,
los arenales desiertos
y las playas interminables
quedarás para siempre
entre las olas y los acantilados
como testimonio
de un mundo desconocido
y de una promesa de amaneceres.
Leonel Capote Hernández
13 de septiembre de 2015
Retrato de
Scarlett Johanson, Fotografía,
por Annie Leibovitz