Un protagonista joven, individualista, en búsqueda del reencuentro consigo mismo, es el tema recurrente de la última novela de Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) publicada en España y que lleva por título Sunset Park (2010). El texto narrativo posee muchos elementos que lo relacionan con otras obras del novelista como El palacio de la luna (1990), Brooklyn Follies (2006) o Invisible (2009), a saber: los ambientes intelectuales nortemericanos, los protagonistas masculinos jóvenes en conexión con ese mundo intelectual, espacios inmersos en las grandes urbes de los Estados Unidos de América, historias concatenadas con otras historias y la búsqueda de un elemento que permite a sus protagonistas la reconquista de un mundo espiritual perdido en el marasmo de la sociedad contemporánea occidental y, por extensión, en la norteamericana. Sin embargo, a diferencia de otros héroes de varias novelas estadounidenses, los personajes de Auster tienen la posibilidad de reinventarse y de sobrevivir, aspecto a tener en cuenta para entender a este novelista como un crítico de la sociedad actual, pero, al mismo tiempo, como un autor que busca soluciones para que sus personajes contemporáneos -seres humanos al fin y al cabo-, puedan salvarse por encima de cualquier circunstancia, como también lo hizo anteriormente el escritor ruso Fiodor M. Dostoyevski (1821-1881) en el siglo XIX, demostrando que no es necesaria la inmolación del héroe para señalar problemas sociales y existenciales en una sociedad y para proponer soluciones, también individuales, a problemas colectivos sin necesidad de matar héroes o hacer que se suiciden. A los héroes también es necesario -como en la vida real- ofrecerles alternativas y soluciones que resulten convincentes y, por tanto, también edificantes para los lectores. Algo que deviene más en consonancia con sociedades que han cambiado mucho, como demuestran las últimas revoluciones que han tenido y tienen lugar en los países del norte de África y del mundo árabe. Al fin y al cabo, esos ciudadanos de otras partes del mundo son héroes que buscan también nuevas soluciones para disfrutar de ese regalo único que constituye la vida y la libertad, del que mucha gente no dispone, por distintas razones, en los más disimiles espacios geográficos. No en balde el propio autor de la obra reconoce a través de su protagonista y a partir de acontecimientos suscitados con escritores perseguidos que "[...] al hacerse mayor fue comprendiendo cada vez más la fuerza de las palabras, la amenaza del poder que las palabras pueden representar, y por eso se encuentra en peligro todo escritor que se atreva a expresarse libremente en Estados regidos por dictadores y policías." (1)
Sin embargo, Miles Heller, que es el personaje que nos ocupa de la novela Sunset Park, tropieza incidentalmente con el problema de los desahucios que, con la crisis actual, ha llevado a la calle a muchas personas que no han podido hacer frente a sus hipotecas en varios países occidentales -empezando por los Estados Unidos de América-. Pero Miles, como un naúfrago de sus propias contingencias, se enfrenta a los problemas de esos desahuciados desde el terreno de la partida y por medio de las fotografías que realiza en contacto con los espacios vacíos y objetos que quedan abandonados en esas casas embargadas a gente que no pudo pagarlas. Miles, en cierto modo, se ha exiliado de su existencia anterior hasta llegar después de un accidentado recorrido a Miami, lugar en el que se hace novio de una chica -Pilar Sánchez- perteneciente a una familia de exiliados cubanos -y exiliada ella misma- y, al mismo tiempo, entra en contacto con el espacio y los objetos de personas que también lo han perdido todo: los desahuciados. Por tanto, la novela trata de pérdidas, de renuncias y de alusiones a otras realidades, como la de seres humanos que pierden sus propiedades. En cierto modo, todos resultan desahuciados y perdedores, incluidos los padres de Miles y la familia de Pilar Sánchez.
Pero el mundo de Miles no se detiene solo en eso; por casualidad, la relación con su novia tiene también inconvenientes, pues debe esperar a que alcance la mayoría de edad para que su relación se normalice y, debido a ello, tiene que alejarse de la Florida -por requerimiento de los familiares de Pilar- a las inmediaciones de Nueva York (Sunset Park) para vivir entre gente que carece de vivienda y ocupa una propiedad ajena y abandonada para tener un techo que no puede pagarse. Allí Miles encuentra el punto de unión que logrará vincular su pasado y su presente, al mismo tiempo que presenta la situación económica en declive de la actual clase media norteamericana, pues, entre otros personajes, en Sunset Park vive también una profesora universitaria que no puede pagarse un techo.
De Miles resulta importante señalar uno de los elementos que lo salvan en medio de su desesperación y huida del seno familiar donde llegó a sentirse ajeno al inicio de la novela: "Paga poco de alquiler, porque vive en un apartamento pequeño, en un barrio humilde, y aparte de gastar dinero en necesidades básicas, el único lujo que se permite es comprar libros, volúmenes de bolsillo, narrativa en su mayor parte, novelas norteamericanas, británicas, traducidas de lenguas extranjeras, pero en el fondo los libros no son lujos sino necesidades, y la lectura es una adicción de la que no desea curarse."(2) Por tanto, estamos ante un personaje que lee, que no deja de ser un antiguo estudiante universitario que no terminó su carrera, elemento que sirve de pretexto al autor de la novela para que proponga la literatura como una necesidad -y por tanto un consuelo-, lo que hace con el grueso de su obra, al convertir sus novelas y personajes en una tabla de salvación para que la gente pueda asirse por medio de la ilusión. No en balde la idea se completa con una frase del propio Miles dedicada a su hermanastro: "No te hagas mala sangre por nada, le dijo, la vida está llena de giros inesperados [...]" (3)
Sin embargo, la ananké o destino trágico de Miles lo persigue hasta el final de la obra, pues sigue siendo -por ironías del destino y de su personalidad- un ser humano obligado a huir, a escapar para no ser juzgado por los tribunales, tras haberse enfrentado a la policía cuando esta intentaba desalojar a sus amigos que ocupaban ilegalmente Sunset Park con consecuencias trágicas para ambas partes. Su frase final representa al cierre de la novela la situación que afecta a muchos norteamericanos y occidentales; pero, a pesar de las apariencias, no carece de aliento y en su huida se pregunta "[...] si vale la pena tener esperanza en el porvenir cuando no hay futuro, y de ahora en adelante, dice para sí, dejará de tener esperanza en nada y vivirá exclusivamente para hoy mismo, para este momento, este instante fugaz, el ahora que está aquí y ya no está, el momento que se ha ido para siempre." (4)
Final desgarrador, junto a acicates para un mundo caótico en el que vivir con dignidad acarrea también riesgos, como le ha sucedido a Miles, que queda inmerso en un final abierto y triste como resultan los momentos actuales, pero dejando una puerta abierta en la escapada, sin que Miles se percate por el momento de ello. No resulta baladí que uno de los personajes de la novela afirme que “Esa es la idea con la que está jugando, […], escribir un ensayo sobre las cosas que nos ocurren, las vidas que no se han vivido, las guerras que no se han librado, los mundos en la sombra que corren paralelos al mundo que tomamos por real, lo que no se ha dicho y no se ha hecho, lo que no se recuerda. Peligroso territorio, quizá, pero valdría la pena explotarlo.” (5)
Leonel Capote Hernández
Citas y notas:
(1) Auster, Paul, Sunset Park, Editorial Anagrama S. A., Barcelona, 2010, p. 1
(2) op. cit., p.13
(3) op. cit, p. 23
(4) op. cit., p. 278
(5) op. cit., p. 143


